"Cuando algunos amawt´as estaban por rescatar a Atawallpa, secuestrado por los españoles, un chasqui -mensajero- les comunicó que había sido ejecutado por sus captores. Horrorizados, los sabios quedaron petrificados al instante y ya no recobrarán su forma humana hasta el regreso del Inca.
Los amawt'as son los guardianes de la sabiduría, la identidad cultural originaria y reafirman su rebelión hacia la dominación extranjera.
A consecuencia del asesinato del Inca comenzó una nueva era de oscuridad e ignominia. Los amawt'as se retrajeron y encerraron tras un escudo de piedra inerte, soportando las iniquidades de un mundo que había dejado de pertenecerles.
Petrificarse significa morir en vida para sobrevivir. Pero no serán ya de piedra una vez que el Inca regrese. Entonces otro cataclismo llamado pachakuti, invertirá el universo nuevamente.
Hasta entonces, periódicamente habrá en Los Andes otros pachakuti que transformarán el curso normal de los acontecimientos provocando que el mundo andino regrese temporalmente a su orden legítimo.
El Carnaval es la fiesta de la rebelión que revierte por poco tiempo al ideal mítico. Por un momento el ayllu -comunidad indígena- es el centro de los eventos y el espacio andino vuelve a ser reverenciado y reordenado en torno a sus antiguos centros religiosos.
Durante la fiesta se para el tiempo. La comunidad abandona la lógica foránea y vive su propio ritmo: el eterno presente mítico en el que los heroicos tiempos pasados convergen con un futuro utópico.
🌾 Comienza el baile, hay abundancia de alcohol y hojas de coca, el movimiento uniforme, repetitivo e hipnótico favorece el trance. El individuo se desdibuja en un ser colectivo: el ayllu convertido en una unidad orgánica tangible.
La comunidad está en comunión consigo misma y con la naturaleza que la rodea. Durante la fiesta se exceden todos los límites; es el reverso de la máscara de piedra con la que se preservan frente al opresor."
👹 Fernando Montes. Cubrir para descubrir. Uno de los textos en Máscaras de los Andes Bolivianos, que conseguí en Bolivia, después de alucinar en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La Paz.
👹 Foto: Yo, con una máscara del diablo del Carnaval de Oruro, ¿del taller del maestro mascarero Antonio Vizcarra?
La espera es una forma de gobierno.
Quien espera no puede planificar, no puede cerrar, no puede reclamar del todo. Vive en suspenso. Y entiende que pedir una respuesta puede ser leído como impaciencia, ingratitud o exceso.
La espera produce sujetos dóciles. En el trabajo, en la burocracia, en el pago que no llega, hacerte esperar es una técnica que subraya la asimetría de poder.
Y de pronto me acuerdo de Bartleby, quien no se rebela.
No discute.
No se enoja.
Solo repite un: preferiría no hacerlo.
Y en ese gesto mínimo introduce una falla en el régimen de la espera. Porque quien espera todavía está dentro del tiempo del otro.
Bartleby se sustrae. No reacciona, no negocia. No entra.
En un mundo que gobierna administrando demoras, Bartleby no ofrece resistencia épica. Ofrece algo más inquietante: una quietud que no coopera.
Diciembre 2025, Mar del Plata. Hay un puesto de libros en el borde de la playa. Escaneo los títulos por deformación profesional y sentencio: son horribles.
Pero entonces me acuerdo de otro viaje. De otro libro, en un hospedaje.
Un autor que jamás hubiera leído, pero el título menciona a Modigliani. Leo con desdén las primeras páginas. Odié la prosa, pero tengo que admitir que el argumento me gustó.
A veces, es positivo tomarse vacaciones de una misma.