Cumplo veinte años como librera especializada en arte y les traigo un regalo. Voy a definir cuál es mi oficio porque, en la ciudad con más librerías por habitante del mundo, percibo una nebulosa de supuestos cuando se habla de nosotros: curiosos personajes que fluctuamos entre muchas dimensiones al mismo tiempo.
Ser librera especializada en arte es estudiar teorías, manejar técnicas, leer personas y conocer libros.
El trabajo empieza cuando alguien dice "busco algo sobre fotografía" y en realidad está buscando una manera distinta de mirar. O cuando pide un libro de pintura y termina descubriendo uno de arquitectura porque, inesperadamente, ahí estaba la respuesta.
Durante estos años aprendí que los libros de arte tienen su propio sentido del humor: seducen o polemizan, esperando el momento justo para brillar cuando una obsesión o un problema —formal o filosófico— los necesita.
Mi trabajo consiste, aunque no lo logre siempre, en provocar esos encuentros.
Vendo libros. Pero mi objetivo es presentar formalmente a dos inteligencias que no se conocían, aunque se buscaban con ardor, en el tumulto de los siglos.
*Pic: The shooting paintings - Nikki de Saint Phalle.
El bien y el mal, definen por penal.
En este mural lateral de La Bombonera, el pintor Rómulo Macció recrea personajes de dos obras famosas de Giotto.
Toma los ángeles de "El Descendimiento de la cruz" (1305-06), uno de los momentos más dramáticos de la religión católica, en el que se juegan las esperanzas de millones de almas.
Los diablitos son copias de "El juicio final" (1303), donde millones de almas son condenadas al oprobio eterno.
Poniendo en el centro una pelota y camisetas a estos seres mitológicos, la lucha entre el bien y el mal pasa a disputarse en el terreno sagrado de la cancha de Boca Juniors.
El fútbol se eleva a un plano trascendental, donde cada jugada es un ritual de fe y cada gol, un acto de redención.
*Pic: Estado Alberto J. Armando, mural lateral, sobre la calle Dr. del Valle Iberlucea.
"Cuando algunos amawt'as estaban por rescatar a Atawallpa, secuestrado por los españoles, un chasqui —mensajero— les comunicó que había sido ejecutado por sus captores. Horrorizados, los sabios quedaron petrificados al instante y ya no recobrarán su forma humana hasta el regreso del Inca.
A consecuencia del asesinato del Inca comenzó una nueva era de oscuridad e ignominia. Retrayéndose tras un escudo de piedra inerte, soportarían las iniquidades de un mundo que había dejado de pertenecerles.
Petrificarse significa morir en vida para sobrevivir. Pero no serán ya de piedra una vez que el Inca regrese. Entonces otro cataclismo llamado Pachakuti, invertirá el universo nuevamente.
Hasta entonces, periódicamente habrá en Los Andes otros Pachakuti que transformarán el curso normal de los acontecimientos provocando que el mundo andino regrese temporalmente a su orden legítimo.
El Carnaval es la fiesta de la rebelión que revierte por poco tiempo al ideal mítico. Por un momento, el ayllu —comunidad indígena— es el centro de los eventos y el espacio andino vuelve a ser reverenciado y reordenado en torno a sus antiguos centros religiosos.
Durante la fiesta se para el tiempo. La comunidad abandona la lógica foránea y vive su propio ritmo: el eterno presente mítico en el que los heroicos tiempos pasados convergen con un futuro utópico.
🌾 Comienza el baile, hay abundancia de alcohol y hojas de coca, el movimiento uniforme, repetitivo e hipnótico favorece el trance. El individuo se desdibuja en un ser colectivo: el ayllu convertido en una unidad orgánica tangible.
La comunidad está en comunión consigo misma y con la naturaleza que la rodea. Durante la fiesta se exceden todos los límites; es el reverso de la máscara de piedra con la que se preservan frente al opresor."
👹 Fernando Montes. Cubrir para descubrir. Uno de los textos en Máscaras de los Andes Bolivianos, que conseguí en Bolivia, después de alucinar en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore de La Paz.
👹 Foto: Yo, con una máscara del diablo del Carnaval de Oruro, ¿del taller del maestro mascarero Antonio Vizcarra?
Diciembre 2025, Mar del Plata. Hay un puesto de libros en el borde de la playa. Escaneo los títulos por deformación profesional y sentencio: son horribles.
Pero entonces me acuerdo de otro viaje. De otro libro, en la biblioteca de un hospedaje.
Un autor al que jamás habría leído, pero que menciona en el título a Modigliani. Leo con desdén las primeras páginas y odio su prosa, pero admito que el argumento me gustó.
A veces, es positivo tomarse vacaciones de una misma.