La espera es una forma de gobierno.
Quien espera no puede planificar, no puede cerrar, no puede reclamar del todo. Vive en suspenso. Y entiende que cualquier amague puede ser leído como impaciencia, ingratitud o exceso.
La espera produce sujetos dóciles. En el trabajo, en la burocracia, en el pago que no llega, hacerte esperar es una técnica que subraya la asimetría de poder.
Pienso en Bartleby, quien no se rebela.
No discute.
No se enoja.
Dice: preferiría no hacerlo.
Y en ese gesto mínimo introduce una falla en el régimen de la espera. Porque quien espera todavía está dentro del tiempo del otro.
Bartleby se sustrae. No reacciona, no negocia. No entra.
En un mundo que gobierna administrando demoras, Bartleby no ofrece resistencia épica. Ofrece algo más inquietante: una quietud que no coopera.
Diciembre 2025, Mar del Plata. Hay un puesto de libros en el borde de la playa. Escaneo los títulos por deformación profesional y sentencio: son horribles.
Pero entonces me acuerdo de otro viaje. De otro libro, en un hospedaje.
Un autor que jamás hubiera leído, pero el título menciona a Modigliani. Leo con desdén las primeras páginas. Odié la prosa, pero tengo que admitir que el argumento me gustó.
A veces, es positivo tomarse vacaciones de una misma.